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“Tenés que deconstruirte, sos un macho heteropatriarcal”. “La masculinidad tradicional es tóxica y violenta”. “Hay que crear hombres más femeninos”. “Sos un macho opresor”. Todas frases conocidas, ¿no? Sobre todo en los últimos años; vociferadas por colectivos feministas y medios de comunicación cómplices.

La realidad es que, desde hace casi una década, el hombre heterosexual viene siendo demonizado y atacado por un sector de la sociedad, que lo coloca como el enemigo público Nº1 de los males que aquejan a ésta. Todo elaborado sobre un relato falso creado sobre omisiones, exageraciones y tergiversaciones.

Parecería que detrás de cada crimen, robo, maltrato y cualquier otra actitud negativa siempre hay un hombre. Todo lo malo es culpa de los hombres y, en paralelo, se la coloca en un pedestal a la mujer, siempre buena, incorruptible, incapaz de hacer daño a alguien, inocente por naturaleza.

Esto va generando un enfrentamiento entre hombres y mujeres que, en realidad, ataca a la familia, que es la célula básica de cualquier Estado-Nación. Lo que, a mediado – largo plazo, trae un descenso en la tasa de natalidad, haciendo que los países pierdan renovación poblacional y generando graves problemas en los sistemas de aportes jubilatorios.

En el caso concreto de Argentina ya han comenzado a cerrar instituciones educativas de nivel pre-escolar y primario por falta de alumnos, no porque los padres no puedan pagar las cuotas sino porque hay muchos menos niños. Esto hará que, en unos 10 – 15 años, la población joven disminuya en unos 4,5 millones, lo que es gravísimo e irreversible, ya que, aunque ahora las personas comenzaran a tener más hijos, recién impactaría en unos 25 años, no antes.

Pero ¿a quién le es funcional este relato del hombre heterosexual como enemigo de la sociedad? ¿Cuál es el objetivo de poner en la mira al macho de la especie humana? ¿Trae verdaderos beneficios?

Esta construcción le es funcional a un grupo reducido que ostenta mucho poder y que, interesantemente, son hombres heterosexuales en su gran mayoría. Una elite que reconoce perfectamente que la gran oposición a su agenda viene de individuos con sus mismas características.

Porque es el hombre heterosexual quien se va a enfrentar de manera directa y va a poner un límite estricto frente a intentos de control y sometimiento. Es quien va a tomar las armas de ser necesario; es la oposición más fuerte que pueden tener. Esto hace que automáticamente se conviertan en el blanco a eliminar.

Es muy sencillo de ver y entender: si como grupo dominante que busca imponer un determinado mecanismo de control social, la elite dirigente quiere implantar determinadas ideas y prácticas a nivel social general para, como siempre, salir beneficiada en cuestiones económicas y de manipulación, va a tratar de acallar a quienes naturalmente le van a hacer frente cuando se den cuenta de su intención.

La mejor forma de lograr esto es crear un enemigo único social, que termina teniendo la culpa de todo lo malo que ocurre. Construyen el supuesto problema y dan una solución: feminizar la sociedad. El hombre heterosexual es malo, debe hacerse más femenino, por ende más fácil de someter. Convertirlo en alguien pasivo y controlable.

Además, esto trae otra consecuencia (mencionada más arriba) también buena para esta elite: la destrucción del tejido social natural básico de la familia como célula fundamental sobre la que edificar una sociedad fuerte. La mayoría de las mujeres no buscan hombres femeninos, esto automáticamente disminuirá la cantidad de parejas y matrimonios, creando debilidad y aislamiento a su paso.

Como sociedad consciente de este problema, es fundamental tomar medidas para cambiar este camino por el cual vamos. Nuestro futuro como raza depende de esto.